El discurso del presidente Perón el 1º de mayo de 1974 marca simbólicamente el punto de inflexión en el vínculo entre las organizaciones revolucionarias y juveniles y el líder.
“Aquel día los montoneros y sus devotos se mostraban indomables. Los organizadores sólo habían permitido que se exhibieran en la plaza los estandartes de los sindicatos y banderas nacionales, pero las enseñas que los montoneros enarbolaban, una vez en la plaza, fueron transformadas. Al salir al balcón de la casa Rosada, Perón se encontró con un paisaje de estandartes de los conductores de colectivos de la UTA, con las soglas amañadas de modo que se leyera JTP, así como varias banderas argentinas con el nombre MONTONEROS escrito con pulverizadores. Y sus portadores no se contentaban con gritar “Argentina, Argentina” y “Perón, Perón”, como las autoridades peronistas habían estipulado. Silbaron con despiadadas muestras de burla cuando Isabel Martínez coronó a la Reina del Trabajo. “No queremos carnaval, asamblea popular”, se gritó antes de que se oyera “Si Evita viviera, sería montonera”. Luego, tras un minuto de silencio en memoria de Eva Perón y de todos los difuntos peronistas, redobló un tambor de la JP y se leyeron en voz alta los nombres de los montoneros asesinados, con la respuesta de “Presente” por parte de la Tendencia después de cada uno: “Fernando Aval Medina….¡Presente!, “Carlos Gustavo Ramus…..¡Presente!, “José Sabino Navarro….¡Presente!...”
Perón estaba furioso. Y más se enfureció cuando, en el momento en que se acercaba al micrófono, fue recibido con la persistente pregunta montonera, proferida a gritos: “¿Qué pasa, qué pasa, qué pasa, general, que está lleno de gorilas el gobierno popular?”
Guillespie, Richard. “Montoneros. Soldados de Perón”, Grijalbo, Buenos Aires, 1987, pág. 187, citado por Gabriela Saidón en “La Montonera”, pág. 124-125
“Por supuesto, el deseo del reencuentro que expresa Perón no incluye a los montoneros que, de todas maneras, no han oído las palabras finales del líder que se les ha dado vuelta, o que finalmente se ha desenmascarado. No han oído esas palabras porque después de escuchar la voz de trueno del líder enfurecido hablando de “escarmiento” y de “malvados que no cejan”, se retiraron de la Plaza. No lo han oído además porque se fueron, en forma bastante ordenada, cambiándole la letra, como buenos chicos a los que todavía no les creció la barba, a una vieja canción infantil: “Aserrín, aserrán es el pueblo el que se va”. Y preguntando: “Si esto no es el pueblo, ¿el pueblo dónde está?”. Tal vez no fuera el pueblo, pero sí eran los “soldados de Perón” los que se estaban retirando. La Plaza quedó casi vacía.”
Saidón, Gabriela, “La Montonera. Biografía de Norma Arrostito”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2005, pág. 127.
Entrevista con
Juan Carlos Dante Gullo, diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires por el Frente para la Victoria. (
Virginia Vénere - Damián Toschi)
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